Juana Rodríguez tiene 61 años y, tras una búsqueda personal por encontrar «su sitio» en el mundo del voluntariado, el destino la llevó de forma fortuita hasta la Fundación Prodean hace casi año y medio. Aunque inicialmente su perfil encajaba con el acompañamiento a mayores, una conversación casual la situó en el CAR de Sevilla Este, trabajando con niños refugiados. Desde ese primer día, Juana no dudó: esa misma tarde gestionó su documentación y comenzó una labor que hoy describe como transformadora, dedicando mucho más tiempo del previsto porque, según afirma, «realmente disfruto estando con ellos; necesito venir a verlos».

Como coordinadora y voluntaria, Juana destaca por su capacidad para combinar la creatividad en talleres y manualidades con una responsabilidad absoluta. Para ella, el perfil de quien colabora con estos menores debe ser, ante todo, afectivo y empático. Entiende que estos niños han sufrido demasiadas pérdidas y que el voluntariado es la herramienta para que «vuelvan a confiar en el ser humano». Su presencia constante es vital, ya que es consciente de que «los niños te esperan y, cuando no vienes, se les queda ese vacío».

Su labor le ha permitido conocer de cerca historias de vida marcadas por el conflicto, como la de familias que perdieron todo por la guerra, lo que ha reforzado su compromiso con la integración. Esta cercanía le ha cambiado la perspectiva vital, recordándole que cualquiera puede verse en una situación de vulnerabilidad de un momento a otro. Juana sostiene con firmeza que el voluntariado es un aprendizaje continuo donde se recibe mucho más de lo que se entrega: «Te transformas; eres mejor persona, te hacen ser mejor persona».

Más allá de las actividades directas con los niños, Juana ejerce un papel clave en la formación y seguimiento de los nuevos voluntarios, transmitiéndoles que dar, por poco que sea, genera una respuesta inmensa por parte de los menores. Su testimonio es un reflejo de la cultura solidaria que la Fundación Prodean promueve desde hace más de 25 años, situando la dignidad y el afecto en el centro de la atención sociosanitaria y educativa.