Desde 2019, el Proyecto Uganda une al Colegio de Fomento Entreolivos y a la Fundación Prodean en una experiencia de voluntariado que, cada verano, permite a un grupo de alumnas recién graduadas acercarse a una realidad muy distinta a la suya. Durante todo el curso escolar, las participantes preparan el viaje, buscan recursos e impulsan la recogida de donaciones. Sin embargo, hay una dimensión de la misión que resulta imposible planificar desde España: las historias humanas detrás de cada necesidad.
Auxi Santiago, coordinadora del programa, reflexiona sobre el sentido de este aprendizaje previo: «Durante todo el curso se prepara el viaje, se buscan recursos y se recogen donaciones, pero hay una parte del proyecto que es imposible preparar desde España: lo que ocurre cuando llegas, conoces a las personas y descubres que detrás de cada necesidad hay una historia concreta».
Un cambio inesperado de destino: de Uganda a Kenia
Este año, la expedición se enfrentó a un reto inesperado a pocas semanas de partir. La situación sanitaria en Uganda obligó a reestructurar la misión a gran velocidad y cambiar la ruta hacia Kenia. Lo que al principio se vivió con incertidumbre terminó transformándose en una vivencia de veinte días en las localidades de Matuu y Kilifi. Allí, el equipo encontró comunidades, familias, colegios y centros de acogida con una enorme disposición para trabajar en equipo.
El contacto directo con la población local transformó por completo la mirada de las voluntarias. Auxi Santiago destaca cómo la teoría da paso a los nombres propios: «Antes de viajar puedes hablar de pobreza, de educación o de cooperación; después, esas palabras tienen rostros y nombres. Ya no piensas en ‘una familia necesitada’, sino en aquella madre que te abrió la puerta de su casa; ni en ‘niños sin recursos’, sino en un niño concreto al que has conocido, con sus ganas de estudiar y sus planes para el futuro».
Avances concretos: el caso de la St. Paul Academy en Kilifi
Uno de los hitos más destacados del proyecto este verano tuvo lugar en Kilifi, en la escuela St. Paul Academy. Hasta entonces, los niños recibían sus clases en un espacio prestado por la iglesia local al no disponer de aulas propias, junto a una pequeña estructura inacabada.
Gracias a la suma de esfuerzos entre el equipo local y el apoyo recibido desde España, durante la estancia de la delegación se logró convertir aquella estructura en dos aulas totalmente terminadas y equipadas con tejado, suelo, ventanas, puertas, pintura, pizarras, pupitres y material escolar. Asimismo, se llevó a cabo la construcción de instalaciones sanitarias básicas para la comunidad.
En palabras de la coordinadora: «Ver a tantas personas trabajando juntas —constructores, carpinteros, herreros, albañiles, transportistas, voluntarias y donantes— fue probablemente una de las mejores imágenes de lo que significa la cooperación cuando se hace de la mano de quienes viven allí».
El valor de la continuidad tras el regreso
Más allá del trabajo de campo durante las semanas de verano, la Fundación Prodean y el Colegio Entreolivos enfatizan la importancia de dar seguimiento a la labor educativa y social a lo largo de todo el año. La labor continúa acompañando el desarrollo académico de los jóvenes para asegurar que el apoyo puntual se traduzca en oportunidades a largo plazo.
«Con los años hemos entendido que no tendría sentido vivir una experiencia tan intensa durante unas semanas y olvidarnos después de las personas que hemos conocido», afirma Santiago. «Esa continuidad cambia también nuestra forma de entender el voluntariado: ya no se trata únicamente de lo que podemos hacer en verano, sino de los vínculos que somos capaces de mantener cuando volvemos a nuestra vida cotidiana».
A pesar de que las voluntarias viajan con equipaje lleno de suministros, medicinas y material educativo, el balance final al regresar a España suele ser diferente al esperado: «Al volver resulta difícil hacer balance únicamente de lo entregado, porque la sensación es haber recibido muchísimo más. Regresas valorando de otra manera cosas que hasta entonces parecían normales, pero también con una responsabilidad nueva», señala Auxi.
El compromiso con Uganda se mantiene firme de cara al futuro, enriquecido ahora por los puentes tendidos en Kenia. Como concluye la coordinadora del proyecto, «un viaje puede durar veinte días, pero algunos encuentros se quedan contigo durante mucho más tiempo».


Comentarios recientes