Reyes Ruiz-Giménez, estudiante de Integración Social de 19 años, representa la esencia del relevo generacional en la Fundación Prodean. Aunque su vínculo con lo social nació desde pequeña acompañando a su padre en diversas causas, fue hace dos años cuando el apoyo escolar en Los Pajaritos se convirtió en su prioridad absoluta. A pesar de las dificultades logísticas y de no disponer de vehículo propio, Reyes cruza la ciudad cada tarde para cumplir con su compromiso: “Renuncio a trabajar un día para poder venir aquí o cambio los horarios… al final es que quiero venir”.
Su labor diaria va mucho más allá de ayudar con los deberes; se trata de un ejercicio profundo de empatía y comprensión de contextos vulnerables. Reyes destaca que el primer año supuso un reto personal para entender que las conductas de los niños son, a menudo, un reflejo de sus carencias afectivas. “Entender que a lo mejor conductas destructivas que tienen aquí es porque en sus casas necesitan un cariño que no les dan y lo manifiestan de esa manera”, explica la voluntaria, quien enfatiza la importancia de establecer límites y normas desde el afecto.
Para Reyes, la clave del éxito en el apoyo escolar radica en la continuidad y en la creación de materiales personalizados para cada menor. Recuerda con especial cariño su trabajo con alumnos que llegaban sin saber leer y cómo, a través de fichas y constancia, lograron avances significativos. “El vínculo que se hace tanto con el niño como con la familia es impresionante… lo conseguimos”, afirma con entusiasmo, recordando cómo madres del barrio como Estefanía encuentran en los voluntarios no solo apoyo académico para sus hijos, sino también un espacio de desahogo.
Reyes hace balance de lo vivido, destacando experiencias compartidas como las excursiones navideñas que permiten a los niños conocer otras realidades de Sevilla. Su mensaje para futuros voluntarios es claro y directo, nacido de su propia vivencia de gratitud: “Poder vivir esa experiencia con ellos fue un regalazo… me sirvió para ver lo afortunada que soy y lo fácil que es poder ayudar”. Su testimonio es una prueba de que el compromiso joven es el motor que mantiene viva la esperanza en los barrios que más lo necesitan.


Comentarios recientes