Inma Sánchez, sevillana de 24 años, es una de las figuras más veteranas del voluntariado en el Hospital Virgen del Rocío. Lo que comenzó en 2019 como una forma de aprovechar un «año en blanco» antes de iniciar sus estudios de Psicología, se ha convertido en una pieza fundamental de su vida que ya suma siete años de compromiso ininterrumpido. Para Inma, la clave de su permanencia reside en la capacidad de gestión que le ofrece el voluntariado, destacando que «mientras me permita conciliar mi vida, yo no tengo pensamiento de dejarlo».

Su labor en la Azotea Azul y la Ciberaula le ha brindado una perspectiva única sobre la resiliencia humana. A través del contacto directo con los pacientes, ha aprendido a relativizar los problemas cotidianos frente a la entereza de los más pequeños. «Si cualquiera de nosotros, siendo adultos, estuviéramos en la situación en la que están ellos, estaríamos amargados… y sin embargo ellos solo quieren jugar», reflexiona Inma, subrayando que esta experiencia le ha ayudado a abrir la mente y a enfrentar sus propios momentos difíciles con una fortaleza renovada.

La conexión emocional no se limita a los niños; el impacto se extiende a las familias y al equipo de voluntarios, donde ha forjado amistades sólidas, como la que mantiene con su compañero Jesús. Inma destaca la gratitud de los padres como un motor esencial de su motivación: «Cuando se lo explicas, todo el mundo es súper agradecido… te ayuda a valorar lo que haces y te anima a seguir». Esa retroalimentación positiva es la que convierte cada tarde de martes en una experiencia de crecimiento personal constante.

Con la mirada puesta en un futuro profesional ligado a la infancia, Inma tiene claro que las dos horas semanales que dedica al voluntariado son, en realidad, un regalo para ella misma. Lejos de sentirlo como una carga, lo describe como una base sólida que le permite ver más allá de cualquier adversidad: «Al final no es lo que tú das, es lo que ellos te dan 100%… te vas con una visión de la vida mucho más abierta». Su testimonio es un reflejo del espíritu Prodean: una entrega que transforma tanto al que recibe como al que da.